A media máquina, pero a fondo


Ha sido una de esas semanas en las que la cabeza no para, pero el cuerpo sí. Muchas cosas en las que pensar, muchas cosas que construir y programar, y de pronto me encuentro navegando a media máquina. No estoy dando el cien por ciento. Lo sé. Pero qué más da: a veces toca frenar un poco para no estrellarse contra la pared.

Y aun así, hoy intento meterle todo el acelerador.

El peso de las cosas sin empezar

Llevo un tiempo cargando ideas que todavía no nacen. Proyectos que existen solo en notas mentales, en capturas que no le dibujé a nadie, en conversaciones conmigo mismo a las tantas de la madrugada. El problema de no soltarlas es que pesan, y lo que pesa termina frenándote más que cualquier otra cosa.

Creo que ya era el momento. Con eso me quedo. No de «ya todo tiene que salir perfecto», sino de «ya no puedo seguir posponiendo». Hay un punto en que esperar a estar listo es, simplemento, otra forma de no empezar.

A media máquina también se avanza

Hay algo que aprendí a fuerza de repetirlo: no hace falta estar al cien para mover la aguja. A media máquina —con la cabeza nublada, con poco sueño, con la lista de pendientes más larga que el día— también se avanza. A veces más lento, a veces menos elegante, pero se avanza. Y algo avanzado, aunque sea torpe, vale más que algo perfecto que sigue sin existir.

Así que hoy no me exijo brillar. Me exijo hacer.

Esta noche se construye

El plan es simple: escribir varias entradas seguidas, ordenar un poco la cabeza, dejar por escrito lo que anda dando vueltas. Construir lo que se pueda construir, programar lo que se pueda programar. Aceptar que no va a salir todo, pero que algo va a salir.

Estamos construyendo cosas. Al final, toca a toda máquina y no podemos dejar de adelantar. Y lo demás, lo que vaya faltando, irá mejorando conforme todo evolucione.

Mejor ahora que después

Esa es la única certeza que tengo esta noche: es mejor empezar ahora que empezar después. El «después» nunca llega limpio, nunca llega con el tiempo justo, nunca llega sin otra semana complicada encima. El «ahora» llega imperfecto y cansado, pero llega.

Y llegar, pensando en ello, ya es casi la mitad.

Allá vamos.